Me persigue esta noche mi sombra
imparable, gigantesca, siniestra... me acorrala impidiendo mi huida.
¿Cómo escapar de mí misma? ¿Cómo
dejar atrás mi propias tinieblas? Son parte de lo que soy, de lo que
siempre he sido...
Me aterra que logre darme caza, por más
que intente correr, esconderme... ella sigue ahí, creciendo,
haciéndose cada vez más fuerte. Observándome sonriente y
esperando.
Cuando el sol cae, ella se acerca y me
susurra:
- Eres mía, estamos solas... me perteneces. No intentes cambiarlo, así será siempre...
Entierro la cara en la almohada y
aúllo, gritándole en silencio que se aleje, que ya no forma parte
de mi vida.
Ella solo se ríe y me mira, fría,
imperturbable.
- Pobre niña tonta... Yo siempre he sido tu vida.
Su gélido abrazo me congela la
respiración, escarchando mi pecho.
Sintiendo su aliento helado en mi nuca
me resigno y me duermo entre sollozos. Yo la cree..- ahora no puedo
destruirla, ella me controla cuando lo desea.
Tiemblo al pensar en el día que decida
salir a la luz y arrasarlo todo.