Una mañana más veo salir el sol,
escucho el cantar de los pájaros, la vida esta despertando ahí
afuera... Mas no aquí.
En mi habitación la oscuridad lo
inunda todo, el único sonido es el de un latir resquebrajado.
Un agujero en mi cama. Profundo. Me
hundo.
Espejismos, escalofríos.
No consigo arrancarte, te retuerces en
mis entrañas, las destrozas. Me destrozas.
Sal de mí.
Me abrazo a la mañana, al agujero de
mi cama, a mi latir, me abrazo a ese eco, a cada uno de los
escalofríos de mi espalda, al humo de mi cigarro, a los sueños que
has matado, me abrazo a canciones que retumban con estruendo en mi
cerebro... A todo lo que esta a mi alcance, y no consigo sentir, ni
por un segundo, lo que recorría mi cuerpo cuando lo envolvía tu
piel.
Arde.
Duele.
Sangra.
No hay droga que me haga dormir, no
mientras te escondas debajo de mis parpados.
Ni todas las lagrimas del mundo van a
hacer que te disuelvas, ¿Verdad?