lunes, 25 de marzo de 2013

Sal de mí


Una mañana más veo salir el sol, escucho el cantar de los pájaros, la vida esta despertando ahí afuera... Mas no aquí.
En mi habitación la oscuridad lo inunda todo, el único sonido es el de un latir resquebrajado.
Un agujero en mi cama. Profundo. Me hundo.
Un eco de risas distorsionadas, duelen.
Espejismos, escalofríos.
No consigo arrancarte, te retuerces en mis entrañas, las destrozas. Me destrozas.
Sal de mí.

Me abrazo a la mañana, al agujero de mi cama, a mi latir, me abrazo a ese eco, a cada uno de los escalofríos de mi espalda, al humo de mi cigarro, a los sueños que has matado, me abrazo a canciones que retumban con estruendo en mi cerebro... A todo lo que esta a mi alcance, y no consigo sentir, ni por un segundo, lo que recorría mi cuerpo cuando lo envolvía tu piel.
Arde.
Duele.
Sangra.

No hay droga que me haga dormir, no mientras te escondas debajo de mis parpados.
Ni todas las lagrimas del mundo van a hacer que te disuelvas, ¿Verdad?

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